Morir en tu cuerpo, en ese tesoro sin dueño, que me emborracha y que me seduce. Morir en el delirio de esos ojos tristes, en el delirio de esa luz infinita que me encandila; que flotando entre sueños me arrastra hasta tu río, una visita hasta la vida misma. Llorar y dormir bajo esa misma luna,
trepar hasta tu inmenso cielo; hasta la esencia de lo más puro, lo más hermoso.
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